viernes, 28 de febrero de 2014

LOS PERROS NECESITAN SENTIRSE PERROS




Foto: Esther Esteban
Cada vez me gusta más ver a los perros comportándose como perros. Me apasiona verles concentrados oliendo las esquinas, mirando sorprendidos cómo vuela un papel o saludándose unos a otros… Hace trece años yo habría intentado evitar todas estas acciones por considerarlas distracciones: habría tirado de la correa para que mi perro no oliera la esquina, habría gritado un terrible “NO” para que mi perro dejara de mirar el papel y habría vuelto a pegar un tirón de la correa para que él siguiera caminando a mi lado sin desviarse para saludar a otro perro. En aquella época yo me sentía muy orgullosa de que mi perro abriera un cajón o de que se quedara quieto cuando yo se lo pedía desde decenas de metros de distancia. Mi perro se tumbaba si yo se lo ordenaba pero, ¿le gustaba hacerlo?, ¿estaba tranquilo? No. El simplemente obedecía mis órdenes. Mi perro podía hacer cosas asombrosas, pero yo hacía barbaridades que le provocaban dolor y que le impedían comportarse como lo que era: un perro. El no se estaba distrayendo cuando quería oler, observar cosas o saludar a otros perros. Simplemente estaba intentando hacer lo que es natural en un perro. Pero a mí me costó mucho tiempo entenderlo.
Se me ocurren tres razones principales, no necesariamente excluyentes, que explican porqué muchas personas actúan como yo actuaba entonces, privando a los perros de sus reacciones naturales y provocando que muchos perros no se sientan bien.
  • En primer lugar está la idea de que el perro tiene que ser educado para comportarse correctamente en nuestra sociedad. Esto es cierto a medias porque se tiende a pensar en una educación en el sentido humano olvidando la educación en sentido canino. La forma de conseguir perros educados suele centrarse en un rígido programa de ejercicios de obediencia que ayuden a controlarles. Los ejercicios de caminar al lado, sentarse, tumbarse, quedarse quietos o acudir a la llamada se pueden enseñar y utilizar de forma agradable, pero en ocasiones se consiguen usando mucha presión y eso tiene resultados nefastos. Por ejemplo el ejercicio de caminar al lado, la mayoría de las veces realizado a base de tirones de la correa, puede conllevar dolores, miedos, etc.
  • En segundo lugar, la visión anticuada y errónea del perro como un ser potencialmente peligroso que debe ser dominado lleva a muchos adiestradores y dueños a querer controlar excesivamente a sus perros aplicando dudosas y agresivas técnicas para manipular sus reacciones. Por desgracia esta forma errónea de entender la naturaleza del perro sigue transmitiéndose hoy en día (a través de algunos programas de televisión por ejemplo). Se basa en aplicar los llamados programas de reducción de rango que supuestamente sirven para “jerarquizar o dominar a los perros”. Estos programas de reducción de rango privan a los perros de su comportamiento natural y provocan otras conductas nocivas, tanto para el perro como para las personas que conviven con él. Por ejemplo castigar el gruñido de un perro, que muchos dueños interpretan como un desafío hacia ellos cuando no es más que una forma de expresión tan útil como las demás, puede hacer que el perro deje de gruñir y que, sin previo aviso, muerda.
  • En tercer lugar, llevados por el afán de satisfacer nuestros deseos o aficiones, hacemos practicar a nuestros perros ejercicios que muchas veces tienen consecuencias dañinas. Por ejemplo veo perros en las ciudades a los que se les lleva atados al lado de un ciclista o de un patinador y que se ven obligados a correr largas distancias sin pausa a un ritmo elevado sin tener ninguna posibilidad de descansar, oler, saludar a otros perros o incluso hacer sus necesidades. Estas tres razones tienen que ver con una idea errónea de la educación. La educación está muy alejada de los conceptos de manipulación o de control.
Si hemos cometido algunos de esos errores y queremos ayudar a nuestro perro a sentirse mejor, hay muchas cosas que podemos hacer.
  • Cambiar el concepto de perro “educado” en el sentido humano por el de perro “educado” en el sentido canino. Educar implica responsabilidad por parte del dueño, para ayudar en el proceso de maduración de los perros que les permita desenvolverse con éxito en el entorno en que conviven con nosotros. Un perro bien educado en el sentido canino no es un perro que obedece órdenes sino un perro que se relaciona bien con otros perros, con las personas, etc. Podemos darle oportunidades para tener encuentros agradables con otros perros o con humanos y podemos llevarle a sitios donde él pueda explorar libremente.
  • Dejar de pensar en dominar a los perros y olvidar las ideas erróneas de jerarquías ya que los perros no son lobos. La ciencia ya ha establecido que no hay motivos para seguir pensando en términos de macho alfa o de jerarquías en las manadas de lobos ya que éstos forman grupos familiares y se reparten las tareas. En lugar de actuar como humanos agresivos comportémonos como progenitores responsables que guían y ayudan pero que no imponen.
  • Fijarnos en los gustos de nuestros perros. En vez de animarles a compartir nuestras aficiones descubramos cuáles son las suyas. Muchas veces son cosas tan aparentemente simples como olisquear con detenimiento veinte metros de acera. Cada perro, igual que nosotros, debe ser considerado como un individuo con sus propias peculiaridades. No pensemos siempre en moldear a los perros o modificar sus comportamientos a nuestro gusto, sino en cómo entender los suyos y en cómo ayudarles a realizarlos en la medida de lo posible.
¿Significa esto que no hay que enseñar nada a los perros? Hay muchos perros que no necesitan aprender ningún ejercicio que nosotros podamos enseñarles y no tienen ningún problema de convivencia. A otros en cambio les encanta hacer cosas, les gusta sentirse útiles, solicitan sus juegos favoritos… En cualquier caso siempre hay que pensar en si las cosas que les enseñamos les agradan y en si son buenas para ellos. Y desde luego se las deberemos enseñar de forma amable. Hay ejercicios que les podemos enseñar que son muy prácticos para prevenir accidentes, por ejemplo soltar objetos que tienen en la boca, seguirnos cuando realizamos un sonido especial o acudir a nuestro lado cuando les llamamos. Otros ejercicios los deberemos aprender nosotros. Propongo uno para empezar: aprender a caminar con la correa floja para que el paseo resulte agradable para el perro, para que tenga oportunidades para explorar y relacionarse con otros perros y para que, sobre todo, no le cause ningún dolor.
Podemos conseguir que los perros realicen ejercicios increíbles, sin embargo, ellos son capaces de hacer cosas extraordinarias, por sí mismos, a diario y delante de nuestros ojos, cosas que reprimimos, a las que no damos importancia o que ni siquiera percibimos. Observemos a nuestros perros, olvidemos la obediencia, el control y los ejercicios basados en falsas necesidades de los perros y empezaremos a ver a nuestro perro de un modo distinto. Solo así podremos contestar a las preguntas: ¿Está a gusto? ¿Qué le gusta hacer? ¿Qué no le gusta hacer? ¿Sé por qué? ¿Qué puedo hacer para entenderle mejor? ¿Qué puedo hacer para ayudarle? Para profundizar en las respuestas nos hará falta seguir aprendiendo sobre los perros, qué hacen, cómo lo hacen y porqué lo hacen. Nuestros descubrimientos nos ayudarán a mejorar la vida de nuestro perro y nuestra convivencia con él.
Para leer más:
  • Whatever Happened to the Term Alpha Wolf?, por L. David Mech, pubicado en la revista International Wolf, Vol. 18, Nº 4, Winter 2008 y traducido con permiso del autor para el nº8 de la revista RAP, con el título ¿Cómo se acuñó el término lobo alfa?
    El profesor Davir Mech, prestigioso investigador de lobos a nivel mundial, cree que se necesitarán 20 años para que los medios de comunicación y el público adopten la terminología correcta y se acabe con la desfasada visión de la manada de lobos como una agrupación de individuos agresivos compitiendo sistemáticamente unos con otros para ser los jefes de la manada.
  • Wolf-pack (Canis lupus) hunting strategies emerge from simple rules in computational simulations, por C. Muro, R. Escobedo, L. Spector y R.P. Coppinger, publicado en octubre de 2011 en la revista internacional Behavioural Processes 88 (2011), pp. 192-197.
    Resultados de simulaciones numéricas muestran que la caza de los lobos es un comportamiento colectivo emergente en el que no es necesaria ninguna comunicación ni ninguna estructura jerárquica entre los miembros del grupo para conseguir capturar a la presa.
Cristina Muro, septiembre 2011 muro.cristina@gmail.com

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